Y es aquí donde siento cierta tranquildad con Obama, que a pesar de sus aires de todo poderoso y su cuestionable rumbo económico, ha logrado inspirar en personas en cada rincón del país y del mundo un sentimiento intangible de esperanza y empoderamiento. Claro que es difícil medir, pero ha logrado instaurar luz donde antes solo había oscuridad. ¿Y a qué se debe? Su historia personal toca el corazón de diferentes grupos sociales que de una u otra manera se identifican con él. Obama es negro y blanco, cristiano pero con nombre musulmán, de descendencia multi-cutural, joven, sabiondo, deportista, familiar y lo más importante en política, labioso. En esta era de globalización, Obama personifica la globalización. Y esto, cómo dicen los anuncios de Visa, es "priceless". En otras palabras, el personaje de Barack Obama es un cuento de hadas que la sociedad necesitaba en este mismo tiempo y espacio.
Aunque la crisis económica continúe, Obama brinda el cambio en liderazgo que logrará que conocidos y extraños busquen colaborar entre sí para salir adelante... y aunque no se pueda sumar como un ingreso en el presupuesto nacional, es un cambio intangible definitivamente positivo.
Alejandro Beeche V.

