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domingo, 22 de julio de 2007

Yo gano y tu no pierdes

El economista sueco Johan Norberg, autor del excelentísimo libro, "En Defensa del Capitalismo Global" publicó en el Wall Street Journal, de acuerdo al Diario Exterior, un artículo que desmitifica la aseveración errónea y común de que la creación de riqueza en el mercado es un juego de suma cero, en otras palabras, yo gano a expensas de otro/s. En el mercado actual, no hay un stock de riqueza estático. A continuación, expongo algunos de los puntos que considero más importantes del artículo de Norberg:
  • Imagina por un momento como hubiera sido esta mañana si estuvieras 150 años atrás. No tendrías luz eléctrica, agua potable ni sanidad de vivienda.
  • En los últimos 100 años hemos creado más riqueza que en los 100.000 años antes de eso y no porque estamos trabajando más. Al contrario: en el último siglo, las horas de trabajo han sido reducidas a la mitad en el mundo occidental debido a que nuevas ideas nos han permitido trabajar con más inteligencia para encontrar maneras más fáciles de satisfacer nuestras demandas y necesidades.
  • Las personas a quienes debemos agradecer son los innovadores y empresarios, los individuos que ven nuevas oportunidades y se arriesgan a explorarlas. Observar alrededor de sí mismo es comprender que los empresarios han llenado nuestras vidas con milagros diarios.
  • Si este mejoramiento radical de nuestras vidas hubiera sido logrado por los líderes políticos y la planificación centralizada, lo habrían celebrado como el mayor logro de la humanidad. Pero los empresarios no son percibidos de esta manera.
  • La riqueza y la innovación son fenómenos recientes. Durante alrededor de 3. 999.800 años de los 400 millones que quizás hayan existido los homínido, la vida ha sido un juego de suma cero para la mayoría de las personas.
  • Aquello que otras tribus cazaban o reunían, era una pérdida para los demás. Era razonable estar sospechoso de alguien que tuviera ganancias—porque probablemente las tuvo a costo de otro.
  • Hoy vivimos en un mundo muy diferente. El sistema de recompensa en el libre mercado es completamente opuesto. No se gana robando a otros sino ofreciendo los bienes y servicios que ellos deseen. Sin embargo, nuestra sospecha y envidia se mantienen igual.
  • De modo que probablemente no estamos bien adaptados para comprender la economía moderna. Nos hemos acostumbrado a pensar que donde veamos riqueza, es porque alguien más la ha perdido. Bajo esta luz puede ser interpretada la historia del socialismo. Marx dijo que la riqueza de los capitalistas vino a costo de los trabajadores.
  • Desde 1950, la pobreza extrema ha sido reducida a 20% del 60% en los países en vías de desarrollo. La reducción ha sido encabezada por los países que tienen las mayores conexiones de comercio e inversiones con nosotros, mientras que aquellos que han sido encerrados, como el sur de África, se han estancado.
  • Hoy, la mayoría de las personas se dan cuenta de que la riqueza y la tecnología permiten que los países tengan el poder y los recursos para manejar los problemas ambientales y que los peores problemas se encuentran en las economías pobres sin mercado—el hecho de que cinco millones de personas mueren cada año debido a, por ejemplo, el agua insegura.
  • Hoy, los críticos dicen que el capitalismo crea riqueza y libertad—pero esto es malo para el bienestar porque nos estresamos, nos frustramos por la demanda constante por escoger, trabajamos demasiado y consumimos demasiado.
  • No espere que los críticos del capitalismo cambien de opinión en algún momento próximo. Mientras que no crean en la habilidad creativa de la raza humana o que el mercado es un juego de no cero, van a continuar pensando que alguien en algún lugar esta perdiendo cuando vemos crecimiento e innovación. A menos de que este menosprecio de empresarios sea subyugado, las personas dejaran que el gobierno, con su arsenal de impuestos y regulaciones, tome su puesto.

Alejandro Beeche Van der Laat

martes, 10 de julio de 2007

Capitalismo bueno y capitalismo malo

Carlos Alberto Montaner, al igual que Mario Vargas Llosa, aprovecharon el reciente celebrado IV Foro Atlántico en Madrid - del cuál difundiré los resultados a mayor profundidad en una futura entrada - para discutir y criticar el funcionamiento de la OEA y su secretario general José Miguel Insulza. Específicamente, indica que Insulza debería convocar a los presidentes de América latina para discutir porque constituyen el segmento más pobre y atrasado del Occidente, viviendo la mitad de su población en la miseria.

Aprovecha Montaner para incluir en el análisis el reciente libro publicado por William J. Baumol y otros llamado: Good Capitalism/Bad Capitalism. En lugar de resumir las apreciaciones de Montaner, voy a transcribir el apartado relevante de la noticia citada: Capitalismo bueno y capitalismo malo -que se encuentra en la sección Mis noticias del momento de mi blog-. Considero que ayuda a desmitificar bastante las creencias irracionales que tanto se difunden del "malvado capitalismo" y nos lleva a preguntarle al afirmante, "de que capitalismo es el que hablás?

"¿Por qué -en suma- el capitalismo latinoamericano ha dado tan pobres resultados si se contrasta, por ejemplo, con el éxito de los países escandinavos o con Canadá y Estados Unidos, las otras dos expresiones europeas del otro lado del Atlántico?

En realidad, casi todas esas preguntas ya fueron respondidas, indirectamente, en un excelente libro, Good Capitalism/Bad Capitalism, escrito por los economistas norteamericanos William J. Baumol, Robert E. Litan y Carl J. Schramm, publicado recientemente por Yale University Press. El título agrega algo más para explicar de qué se trata: "la economía del crecimiento y la prosperidad". Y la tesis es sencilla de entender: el hecho de que existan propiedad privada y mercado no genera necesariamente desarrollo. En Haití y en Holanda hay mercado y propiedad privada, pero en un país la gente se muere de hambre y en el otro las grandes preocupaciones comienzan a ser la obesidad y la longevidad excesiva.

De acuerdo con la persuasiva explicación de los autores, no hay un capitalismo, sino cuatro: el guiado por el Estado, el capitalismo mercantilista, donde los funcionarios escogen a los amiguetes ganadores o a los desdichados perdedores; el capitalismo oligárquico, muy parecido al primero, donde un pequeño grupo de gentes adineradas pone el Estado a su servicio y convierte la actividad económica en un coto cerrado para su único beneficio; el gran capitalismo o capitalismo de las grandes empresas, donde el poder de los gigantes económicos hace girar la organización de la sociedad en provecho de sus enormes y ubicuos intereses; y -por último- el capitalismo empresarial, donde el Estado no asigna privilegios y se limita a crear las condiciones para el surgimiento incesante de empresas que deben sustentarse en mercados abiertos y competitivos gobernados por la agónica búsqueda de innovaciones, calidad y mejores precios con los que conquistar a los consumidores.

Éste último es el "buen capitalismo" de que habla el libro, y aunque no existe en estado puro en ninguna parte, es evidente la relación que se advierte entre este modelo de producción y el buen desempeño económico. De diversas maneras y grados, esto es lo que sucede en las veinte naciones más prósperas y desarrolladas del planeta. Los autores, por supuesto, no prometen que el capitalismo empresarial traerá un mundo más justo y equitativo, e incluso defienden las virtudes de los desequilibrios como parte del impulso destructor que regenera constantemente al mercado, pero sí advierten que en las naciones que lo practican es donde se observan menores desigualdades. El índice Gini, que mide las diferencias de ingreso en las naciones, demuestra que una sociedad como la danesa, paradigma del capitalismo empresarial, tiene un índice de distribución de ingreso dos veces más equitativo que los países latinoamericanos.

En realidad, Good Capitalism/Bad Capitalism no dice nada radicalmente nuevo, pero aporta algo muy importante al debate: una manera muy ordenada y convincente de presentar los argumentos, y lo hace sin recurrir a la jerga complicada de la economía. Es un libro para profanos. Por ejemplo, con tres o cuatro excepciones, para los presidentes latinoamericanos..."

Alejandro Beeche Van der Laat